La insuficiencia cardíaca se redefinió en 2026
En la valoración preanestésica, la insuficiencia cardíaca casi nunca llega como un hallazgo nuevo: llega como una etiqueta ya escrita en la historia. En 2026, cuatro sociedades —AHA, ACC, ESC y la Federación Mundial del Corazón— publicaron el Segundo Consenso Universal de Definición de Insuficiencia Cardíaca, que abandona los puntos de corte rígidos de fracción de eyección, incorpora la causa al propio diagnóstico y describe la enfermedad como una trayectoria y no como un estado fijo. Para quien valora al paciente antes de la anestesia, eso cambia lo que puede darse por sentado al leer ese diagnóstico en la historia.
El Segundo Consenso Universal reemplaza los cortes fijos de fracción de eyección por tres grupos clínicamente accionables —reducida, preservada y mejorada—, propone una clasificación universal de la causa, independiente de la fracción de eyección, y encuadra la insuficiencia cardíaca como un síndrome dinámico, con trayectorias de mejoría, remisión y recuperación. No es una guía de manejo: remite el tratamiento a las guías vigentes y redefine el vocabulario diagnóstico. Para la valoración preanestésica, la consecuencia es una sola: la etiqueta carga más que un número, y una fracción de eyección «recuperada» no equivale a un paciente dado de alta del riesgo.
1. Qué dice hoy «insuficiencia cardíaca»
El síndrome es conocido; lo que conviene precisar es cómo se establece el diagnóstico: por acumulación de rasgos —clínicos, de biomarcadores e imagen— y no por una sola prueba. Por eso un péptido natriurético normal no lo descarta, y una proporción sustancial de la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada cursa con BNP o NT-proBNP normales pese a presiones de llenado elevadas, en reposo o en ejercicio. La imagen, más allá de confirmar la congestión, orienta la causa.
El consenso reafirma el sistema de estadios del primer documento universal, que describe la enfermedad como un continuo, del riesgo a la fase avanzada.
| Estadio | Qué define |
|---|---|
| A · en riesgo | Factores de riesgo (hipertensión, enfermedad aterosclerótica, cardiopatía congénita, diabetes, obesidad, exposición a cardiotoxinas, antecedente familiar o portador genético de miocardiopatía), sin síntomas y sin anomalía estructural ni biomarcadores elevados. |
| B · pre-insuficiencia cardíaca | Sin síntomas, pero con una de: anomalía estructural (hipertrofia ventricular, dilatación de cámaras, valvulopatía, cicatriz o fibrosis), función anormal (sistólica o diastólica, presiones de llenado elevadas) o péptidos natriuréticos o troponina elevados. |
| C · sintomática | Síntomas o signos actuales o previos por una anomalía estructural o funcional. |
| D · avanzada | Síntomas severos en reposo o con mínimo esfuerzo, hospitalizaciones recurrentes pese a terapia dirigida, refractariedad o intolerancia; requiere terapias avanzadas o cuidado paliativo. |
Dos puntos importan. El primero: el estadio B —pre-insuficiencia cardíaca— es un paciente asintomático pero con una anomalía estructural, funcional o de biomarcadores ya presente; no es un paciente sano, y el consenso lo marca como de mayor riesgo de progresión a corto plazo. El segundo: una vez que la enfermedad se hizo sintomática (estadio C), el diagnóstico se considera permanente aunque el cuadro mejore con el tratamiento. El paciente «compensado» sigue siendo un paciente con insuficiencia cardíaca.
El estadio A es, además, una ventana de prevención: en la diabetes o la obesidad, los inhibidores del cotransportador sodio-glucosa tipo 2, los agonistas del receptor de GLP-1 y la Finerenona reducen la insuficiencia cardíaca de novo. El documento subraya también el peso de los determinantes sociales de la salud sobre el riesgo y el pronóstico.
2. La fracción de eyección dejó de ser un corte
El cambio más citado es el de la clasificación por fracción de eyección. Durante décadas los puntos de corte de la fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FEVI) anclaron la elegibilidad de los ensayos, pero el consenso los reconoce como arbitrarios: la medición ecocardiográfica es variable, difiere entre modalidades de imagen y su umbral podría depender de sexo, edad y etnia. El límite inferior de la FEVI normal es de aproximadamente 53 % en mujeres y 52 % en hombres, con umbrales algo mayores en personas de origen asiático; por tanto, una FEVI por debajo del 50 % difícilmente refleja función normal, con independencia de sexo, edad o raza autorreferida. La Segunda Definición Universal deja atrás los cortes fijos y simplifica a tres grupos clínicamente accionables.
| Grupo | Definición | Qué implica |
|---|---|---|
| FE reducida (IC-FEr) | FEVI reducida. El corte exacto puede no ser idéntico en cada caso; la FEVI levemente deprimida puede beneficiarse de las terapias de fracción reducida. | No descartar por una FEVI «casi normal»: el beneficio de esas terapias se extiende a valores levemente deprimidos. |
| FE preservada (IC-FEp) | FEVI en rango normal, con insuficiencia cardíaca confirmada por el resto de los criterios. | Un péptido natriurético normal no la excluye; buscar la evidencia estructural o funcional. |
| FE mejorada (IC-FEm) | FEVI antes reducida que aumentó al menos 10 puntos hasta superar el 40 %. | Una FEVI normalizada no cierra el caso (ver sección 3). |
El mensaje operativo no es memorizar un número, sino dejar de tratar la fracción de eyección como un semáforo. Una FEVI del 48 % no es «casi normal»; una del 45 % ya está claramente por debajo del límite.
3. «FE recuperada» no es un paciente dado de alta
De todas las categorías, la que más se malinterpreta es la fracción de eyección mejorada. Corresponde al paciente con insuficiencia cardíaca cuya FEVI, en su momento reducida, subió con el tratamiento al menos 10 puntos hasta rebasar el 40 %. La tentación es leerlo como un paciente curado. No lo es. El consenso —y el documento específico sobre trayectorias en el que se apoya— separa tres conceptos que suelen confundirse.
| Trayectoria | Qué significa | Qué persiste |
|---|---|---|
| Mejoría (IC-FEm) | Mejoría de la FEVI pese a anomalías persistentes. | Anomalías estructurales o clínicas; terapia dirigida y vigilancia continuadas. |
| Remisión | FEVI normalizada, síntomas mínimos y biomarcadores estables. | Vulnerabilidad a la recaída; no es «insuficiencia cardíaca estable» ni recuperación definitiva. |
| Recuperación | Normalización sostenida de estructura, función, biomarcadores y síntomas. | Solo la alcanza una minoría; aun así, persiste un riesgo residual. |
Para la anestesia, la implicación es directa. La mejoría de la fracción de eyección por sí sola no significa resolución: estos pacientes siguen susceptibles a disfunción ventricular recurrente y, según el consenso, permanecen bajo tratamiento y seguimiento prolongado. La remisión —incluso en un paciente asintomático, en clase funcional I— es un estado estable, no una curación: persiste el riesgo residual de empeoramiento, hospitalización y muerte súbita. Por eso el consenso desaconseja el término «insuficiencia cardíaca estable». El paciente con fracción de eyección «recuperada» que llega a valoración preanestésica es, a todos los efectos, un paciente con insuficiencia cardíaca.
4. La causa ya es parte del diagnóstico
El segundo cambio de fondo es que la causa deja de ser un dato secundario para integrarse en el diagnóstico. En la práctica la causa se ha reducido con frecuencia a dos casillas —isquémica y no isquémica—, lo que omite el resto del espectro y, sobre todo, pasa por alto que identificar la causa específica cambia el tratamiento. El ejemplo que el consenso destaca es la amiloidosis cardíaca: reconocerla como causa abre un tratamiento dirigido que va más allá de las terapias convencionales de insuficiencia cardíaca. El documento propone una clasificación universal de causas, independiente de la fracción de eyección, y recuerda que casi el 85 % de los pacientes tenía al menos un factor de riesgo patogénico identificable y susceptible de prevención en los cinco años previos al diagnóstico.
| Grupo patogénico | Ejemplos |
|---|---|
| Isquémica | Enfermedad coronaria, infarto de miocardio. |
| Hipertensiva | Cardiopatía hipertensiva. |
| Valvular | Enfermedad valvular estructural (calcificación aórtica, degeneración mitral), cardiopatía reumática. |
| Relacionada con arritmia | Fibrilación auricular no controlada, taquimiocardiopatía, disincronía, extrasístoles ventriculares, marcapasos ventricular derecho. |
| Infiltrativa | Amiloidosis, hemocromatosis, Fabry, depósito de glucógeno, infiltración neoplásica. |
| Infectiva | Miocarditis viral, enfermedad de Chagas, VIH, Lyme. |
| Inflamatoria | Autoinmune, sarcoidosis, hipersensibilidad. |
| Tóxica | Cardiotoxicidad por fármacos, alcohol, cocaína, anfetamina. |
| Hereditaria | Miocardiopatía hipertrófica, dilatada, restrictiva, arritmogénica, ventricular izquierda no dilatada. |
| Pericárdica | Pericarditis constrictiva y restrictiva. |
| Metabólica y nutricional | Obesidad, diabetes, enfermedad tiroidea, deficiencia de tiamina, vitamina B1 y selenio, errores innatos del metabolismo. |
| Relacionada con embarazo | Miocardiopatía periparto. |
| Inducida por estrés | Miocardiopatía de Takotsubo. |
| Pulmonar y cardiopatía derecha | EPOC, enfermedad pulmonar intersticial, neumoconiosis, hipertensión arterial pulmonar. |
| Congénita | Falla del ventrículo derecho sistémico, circulación de Fontan, tetralogía de Fallot reparada. |
| Alto gasto | Hemoglobinopatías, anemias hemolíticas, malformaciones arteriovenosas, feocromocitoma. |
| Otras | Enfermedad neuromuscular, fibrosis endomiocárdica, endocarditis de Loeffler. |
| Idiopática | Miocardiopatía idiopática. |
La geografía modula el peso de cada causa. La cardiopatía isquémica explica cerca de la mitad de la insuficiencia cardíaca a lo largo de todo el espectro de fracción de eyección, pero su peso varía: es responsable de más del 50 % de los casos en regiones occidentales de altos ingresos y de solo el 30 % a 40 % en Latinoamérica y el Caribe. En términos globales, la cardiopatía isquémica, la hipertensiva y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica encabezan la prevalencia de insuficiencia cardíaca. Pero en cada región aparecen causas que un enfoque centrado en el mundo occidental subestima. En Latinoamérica la enfermedad de Chagas es una causa mayor —cerca del 7.4 % de los casos en la región andina, donde se ubica Colombia, y hasta el 9.4 % en el cono sur—, con impacto casi nulo en otras regiones del mundo. Además, en las regiones de ingresos bajos y medios la enfermedad se presenta a una edad considerablemente menor que en las de altos ingresos, con fenotipos propios: insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada en pacientes delgados y diabéticos en el sudeste asiático, enfermedad de Chagas en Latinoamérica, y cardiopatía hipertensiva y miocardiopatía periparto en África. Para el anestesiólogo en Colombia, la consecuencia es concreta: ante una miocardiopatía de causa no aclarada, la enfermedad de Chagas pertenece al diferencial, y precisarla ubica el fenotipo y su pronóstico.
Reconocer todo lo que hoy implica el diagnóstico de insuficiencia cardíaca —el fenotipo por fracción de eyección, la trayectoria y la causa— no siempre es inmediato en una valoración preanestésica con el tiempo contado, y una fracción de eyección «recuperada» o un péptido natriurético normal pueden tranquilizar de más. Morton reconoce la insuficiencia cardíaca como entidad en el punto de atención y devuelve su implicación anestésica y la constancia documental correspondiente, ajustadas al contexto quirúrgico —electiva, urgente o emergente—, para que la enfermedad se traduzca en conducta sin salir de la nota.
5. Empeoramiento y descompensación: leer el momento
La insuficiencia cardíaca no solo tiene fenotipo y causa: tiene un momento. El consenso precisa dos términos que a menudo se usan como sinónimos sin serlo, y la distinción cambia cómo se lee al paciente que llega a valoración.
El empeoramiento es un deterioro progresivo de los síntomas, los signos y la calidad de vida en alguien con diagnóstico previo de insuficiencia cardíaca, con pronóstico desfavorable. Por definición excluye los casos de novo y el deterioro atribuible a un precipitante ajeno a la progresión de la enfermedad —un síndrome coronario agudo, una infección, la mala adherencia—. Sus manifestaciones abarcan la exacerbación de la disnea y el edema periférico, pero también arritmias malignas, capacidad de ejercicio disminuida y cambios subclínicos —presiones pulmonares elevadas, deterioro de la función ventricular derecha o izquierda por imagen y ascenso de BNP, NT-proBNP y troponinas—, todos asociados a peor evolución. No requiere una hospitalización para diagnosticarse: una consulta ambulatoria por disnea creciente o el ajuste al alza de un diurético ya lo configuran.
La descompensación es un concepto distinto: se define por la necesidad de modificar o escalar el tratamiento —aumentar el diurético, combinar diuréticos, intensificar la terapia—, a menudo durante una hospitalización, y puede ocurrir en cualquier momento del curso, no solo en quien empeora. Su rasgo definitorio no es la intensidad de los síntomas sino el requerimiento de intensificación terapéutica. Puede desarrollarse de manera gradual —a lo largo de días o semanas, lo habitual en la insuficiencia cardíaca crónica— o de manera aguda, como un edema pulmonar agudo o un choque cardiogénico. El umbral para considerar que hay escalada terapéutica varía según las prácticas regionales y la disponibilidad de recursos.
Para la valoración preanestésica, importa reconocer en qué fase está el paciente: un ajuste reciente de diurético, una hospitalización o una escalada de terapia lo sitúan en progresión o descompensación, no en estabilidad. Cuando las hospitalizaciones se repiten y el deterioro continúa pese a la escalada, se habla de insuficiencia cardíaca refractaria (estadio D), que motiva la evaluación para terapias avanzadas —soporte circulatorio mecánico, trasplante— o cuidado paliativo. Reconocer esa fase cambia la interpretación del riesgo perioperatorio; la conducta concreta ante ella —y muy en particular la diferencia entre cirugía electiva y urgente— corresponde a las guías de manejo y al juicio individual.
6. Cómo se presenta: aguda, crónica e imitadores
La insuficiencia cardíaca puede presentarse de forma aguda, subaguda o crónica, y leer bien el cuadro depende de reconocer cada modo. La presentación aguda suele estar precipitada por un infarto agudo o un síndrome coronario agudo, una emergencia hipertensiva, una arritmia o una embolia pulmonar. El infarto y el síndrome coronario agudo complicados con insuficiencia cardíaca pueden recuperarse con tratamiento oportuno sin cronificar, aunque algunos progresan a enfermedad crónica. Las emergencias hipertensivas pueden llevar a disfunción ventricular izquierda aguda y edema pulmonar. La miocardiopatía inducida por arritmia abarca la taquimiocardiopatía y las formas inducidas por fibrilación auricular y por extrasístoles ventriculares. La valvulopatía aguda causa insuficiencia cardíaca, y la embolia pulmonar puede producir insuficiencia cardíaca derecha aislada aguda. También causas agudas no cardiovasculares —lesión renal, falla hepática, falla respiratoria— pueden desencadenarla por sobrecarga de volumen y activación neurohormonal, y suelen resolver al tratar la causa primaria.
La presentación crónica o subaguda es la más engañosa: se instala de forma gradual en semanas o meses, con fatiga creciente, disnea leve de esfuerzo o ganancia de peso por retención de líquidos, síntomas fáciles de atribuir al desacondicionamiento o al envejecimiento y, por eso, fáciles de pasar por alto. En estudios poblacionales, un número sustancial de pacientes de atención primaria recibe diuréticos de manera continuada sin un diagnóstico formal de insuficiencia cardíaca. No conviene descartar de entrada una insuficiencia cardíaca subyacente en el paciente mayor con disnea de esfuerzo «de siempre».
En el otro extremo están los imitadores: cuadros que imitan la insuficiencia cardíaca sin un origen miocárdico. Los más frecuentes son la enfermedad coronaria, la enfermedad renal crónica, el embarazo avanzado y la obesidad.
Para llevar
- El diagnóstico carga más que un número. La insuficiencia cardíaca se define por la acumulación de rasgos en una evaluación integral, no por una sola prueba; un péptido natriurético normal no la descarta.
- La fracción de eyección dejó de ser un corte. Límite inferior normal de aproximadamente 53 % en mujeres y 52 % en hombres; una FEVI bajo 50 % no refleja función normal. Tres grupos: reducida, preservada y mejorada.
- «FE recuperada» no es alta. La fracción de eyección mejorada (antes reducida, hoy sobre 40 % tras subir al menos 10 puntos) sigue siendo insuficiencia cardíaca; la terapia dirigida y la vigilancia se mantienen. Remisión no es curación.
- La causa es parte del diagnóstico. Es independiente de la fracción de eyección y algunas causas —la amiloidosis— tienen tratamiento dirigido propio. En Colombia, la enfermedad de Chagas pertenece al diferencial de la miocardiopatía no aclarada.
- Empeoramiento no es descompensación. El empeoramiento es un deterioro progresivo con diagnóstico previo; la descompensación se define por la necesidad de escalar el tratamiento. Un ajuste reciente de diurético o una hospitalización marcan una fase de progresión.
- Aguda, crónica o imitador. La presentación aguda tiene precipitantes reconocibles (infarto, emergencia hipertensiva, arritmia, embolia pulmonar); la crónica se confunde con desacondicionamiento; y en la obesidad el péptido natriurético puede ser falsamente normal.
Material educativo dirigido a profesionales de la salud. El Segundo Consenso Universal de Definición de Insuficiencia Cardíaca es un documento definicional y de clasificación, no una guía de práctica clínica ni un documento de soporte a la decisión; las recomendaciones de tratamiento corresponden a las guías vigentes. No sustituye el juicio clínico individual ni la consulta de la ficha técnica vigente de cada producto. La conducta en cirugía urgente o emergente puede diferir de la descrita para procedimientos electivos y debe individualizarse.
Referencias
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